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Crónicas de Nimbus

Autor anónimo

Sobre el origen de Nimbus no dispongo de mucha información; sé que la ciudad fue fundada por dos hombres, dos extranjeros que poseían un gran poder mágico. Se dice que fue fundada en tierras baldías, azotadas por el destino.

 

Prosperó rápido, pues artesanos, mercaderes y otras muchas personas de todo el mundo se interesaron por la ciudad, se vieron atraídos por su encanto místico, o tal vez fue otra cosa la que los atrajo. Con la ayuda del General, pudieron mantener proteger la ciudad de los bandidos y de otros malhechores; no obstante, la situación fue muy diferente cuando llegaron las tribus bárbaras... El líder de los bárbaros puso contra las cuerdas al General y ambos se vieron forzados a llegar a un acuerdo, por el cual el bárbaro adquiría su propio asiento en el Consejo. Afortunadamente, a partir de entonces, los bárbaros mantuvieron la calma e incluso ayudaron en la protección de la ciudad cuando aquel dragón de colosales proporciones trató de arrasar con todo...

 

No sé qué ocurrió entonces; tengo entendido que alguien hizo algo que no debía, o al menos eso escuché mientras corría por las calles de la ciudad. El cielo se tornó verde, pero adoptó el claro color de la hierba de los amplios campos, sino un verde sucio, de pantano o incluso peor. Los gritos de los ciudadanos se mezclaban con estruendosos chillidos metálicos y pude escuchar aquel poderoso rugido que retumbó por toda la ciudad e hizo que mis huesos se congelasen. Fui de los pocos que pudo escapar a tiempo; ser un cobarde me sirvió de algo por una vez en la vida. Entonces, cuando llegué a una de las colinas cercanas, pude verlos desde la lejanía, a los cuatro jinetes del apocalipsis. Dos de ellos se hallaban masacrando a los civiles que aún permanecían en las calles, otro parecía conjurar un hechizo y, a medida que lo hacía, moría la gente a su alrededor, como si estuviese pronunciando las palabras de la misma muerte, y el otro permanecía completamente quieto, observando todo lo que acontecía a su alrededor con una frialdad inhumana.

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Siete figuras aparecieron para salvar la ciudad de esos malnacidos, los siete pecados capitales, unos completos desconocidos. Se enfrentaron a los jinetes y, finalmente, tras una gran batalla, pudieron sellar todo ese poder destructivo y a sus cuatro adalides en una gigantesca torre que invocaron de la nada. No recuerdo más, porque continué huyendo cuando pude en el momento en el que mis piernas volvieron a responder.

 

Hace unas semanas regresé a Nimbus, o lo que queda de ella, es decir, la torre... Aparentemente no se puede salir de aquí, así que he cometido un terrible error. No sé por qué volví; supongo que ahora que no había peligro, quería comprobar si alguno de mis viejos conocidos seguía con vida. Hay siete profetas o, más bien, había siete profetas cuando llegué, los siete pecados capitales, que todavía hoy tratan de combatir a las fuerzas del Caos. A Lust le mató uno de sus adeptos en el lecho, Sloth murió en combate, por incumplir las normas de la torre, y Envy desapareció misteriosamente. Ahora solo quedan Pride, Gluttony, Wrath y Greed, aunque a este último nunca se le ve públicamente.

 

Temo que mis días en este lugar estén contados, pero espero que, si me pasa algo, alguien pueda emplear mis memorias para algo útil...

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